Featured

Bienvenidos a Más allá de Pangea. Con la tecnología de Blogger.

0 El país de Hatti. Origen del imperio hitita


Una de las últimas grandes civilizaciones descubiertas fue la cultura de los hititas. Este pueblo de lengua indoeuropea había sido mencionado varias veces en la Biblia pero como suele ser habitual en muchas ramas de la ciencia, nadie presta suficiente atención a lo que se hace al otro lado de la valla, y se ignoró torpemente su existencia. No sería la primera, ni la última vez. Finalmente, gracias a la curiosidad, perspicacia, tenacidad y esfuerzo de unos pocos aventureros e investigadores se pudo ampliar nuestro conocimiento de la historia porque se logró rescatar del olvido a este gran imperio que se desarrolló en Anatolia (Asia Menor) y en el Próximo Oriente durante el II milenio a.C.

En la transición del III al II milenio a.C. Anatolia recibió oleadas de pueblos indoeuropeos que se fueron asentando en el territorio, aunque también se baraja la posibilidad que Anatolia sería la cuna de las lenguas indoeuropeas que se habrían difundido junto con la agricultura. Lo que podemos tener claro, es que antes del proceso de unificación en Anatolia existían principados con poblaciones hititas, conviviendo con luvitas (tambien gentes de lengua indoeuropea), al mismo tiempo estaban gentes no indoeuropeas como los hurritas, o la población Hatti. Ésta última, usaba una lengua pre-hitita no indoeuropea de Anatolia Central (Hatti) que fue hablada en la curva del río Halys (actual río Kizilirmak) y quizás más allá, pero nunca fue grabada por escrito por sus hablantes nativos.

Pero todo va cambiar hacia 1800 a.C. debido a una tendencia expansionista de las ciudades más importantes, éstas incluso mantenían relaciones comerciales con colonias asirias, mercados que acabarán desapareciendo.


Aunque los hititas no inventaron el carro de guerra, si tuvieron el mérito de aligerarlo para darle mayor velocidad, lo perfeccionaron con ruedas más sólidas para una mayor resistencia, de este modo se convirtió en un arma muy poderosa. A diferencia del carro egipcio que llevaba dos soldados, el carro hitita llevaba 3 hombres: un conductor y dos guerreros que cubrían el flanco izquierdo y el derecho, uno portaba el escudo y el otro llevaba arco y lanza, éste último era el aristócrata que daba las órdenes. El motivo de la capacidad triple de este vehículo responde a que los guerreros hititas desarrollaron la habilidad de coordinarse sin estorbarse en la lucha, sin embargo la evidencia sobre esta costumbre es débil y no estaría atestiguada hasta el siglo XIII a.C. (batalla de Kadesh 1285 a.C).

El país de Hatti

Hattusa, que será la gran capital del poderoso imperio, es un nombre cuyo origen no es propiamente hitita, sino que pertenecía a un pueblo anterior preindoeuropeo. La propia palabra hitita, deriva de la población indígena o preexistente a la que se llamaba "hatti".

Este pueblo más antiguo o país de Hatti, era una floreciente civilización que germinó durante la Edad del Bronce a mediados del III milenio a.C. A comienzos del II milenio. a.C. en una etapa conocida como Período Karum (mediados del siglo XX hasta comienzos del XVIII a.C / 1950-1800 a.C), o de las Colonias Comerciales Asirias, su ciudad más sobresaliente, Hattus, representaba un fuerte obstáculo para el expansionismo hitita entorno al año 1800 a.C.

Si bien los hititas se hicieron con todo el país, también fueron lo suficientemente inteligentes como para no esclavizar a todos sus habitantes, ganándose finalmente la confianza y lealtad de las poblaciones hacia el nuevo estado. Esto no significa que no tuviesen esclavos, éstos serían adquiridos en mercados esclavistas o como resultado de campañas militares exteriores contra enemigos que serían tomados como prisioneros de guerra. En otras ocasiones podía convertirse en esclavo un asesino, que podía estar a la disposición de la familia de la víctima. Otras veces se podía convertir en esclavo a una persona que tuviera deudas sin pagar, aunque tenía el recurso de recuperar su libertad si miembros de su familia o amigos saldaban sus deudas.

Los Hatti habitaban el Norte de Capadocia (en la actual Turquía central) y habían fundado al Este del río Halys la ciudad de Hattus, hecho que conocemos gracias a las referencias facilitadas por los propios hititas que se hicieron con el país, del cual no sólo heredaron su capital sino también muchísimos elementos culturales, ritos, divinidades e incluso los nombres de muchos lugares. El panteón hitita oficial contenía los “mil dioses de Hatti”, reflejo de una tendencia a asimilar divinidades extranjeras, donde predominaron sobre todo los dioses hurritas y mesopotámicos. Lo cierto es que en Anatolia este período Karum se caracteriza por una fase de urbanización, con una floreciente cultura material que mezcla estilos nativos y foráneos.

Prácticamente la relevancia de la influencia hattiana en la ideología hitita de la realeza y el hecho de que el antiguo panteón hitita y su mitología, junto con las prácticas religiosas, eran casi completamente hattianas, puede ser solo el resultado de un largo proceso de asimilación, que no pudo lograrse exclusivamente con intercambios intensos entre dos áreas culturales, sino que testimonian una llegada, infiltración o asimilación paulatina de personas de habla hitita durante un largo período de tiempo.


¿De dónde procedían exactamente los hititas?
Para responder a esta cuestión se tuvieron que realizar arduos estudios lingüísticos que junto a otras disciplinas de la ciencia como la arqueología, pudieron desentrañar la prehistoria de los pueblos indoeuropeos. En esta labor destacan los estudios de María Gimbutas, que situaban la patria original de los indoeuropeos en las estepas ucranianas, concretamente en la cultura de los Kurganes (V-III milenio a.C.). Es por tanto aquí, desde las estepas rusas, donde partieron los indoeuropeos que se fueron dispersando abarcando regiones desde España, Irlanda, Grecia, Italia, Anatolia, Irán… hasta la India… Este hecho explica las similitudes de lenguas como el latín, griego y el sánscrito entre áreas geográficas tan separadas.

Ante esta revelación hay que tener en cuenta que los pueblos indoeuropeos son portadores de elementos culturales del viejo estrato indoeuropeo, lo que implica por ejemplo la adoración de divinidades tan inusuales como inesperadas tales como Mitra, Varuna o Indra, es decir dioses védicos que asociamos más con la India. Estos primeros grupos llegaron a crear en Próximo Oriente los primeros estados indoeuropeos, como fueron el reino de Mitanni o como el caso que nos ocupa, el reino hitita.

 
Para facilitar la comprensión que engloba a tantos grupos indoeuropeos se han diferenciado dos ramas principales, la primera sería la familia indoeuropea oriental (aria o indoaria) y la segunda comprende la familia indoeuropea occidental (la que poblaría Europa que también incluye Anatolia, y con ella a los hititas).

En esta tesitura nos encontramos con los hititas siguiendo la ruta hacia Occidente, rodeando el Mar Negro por el Este para acceder a Anatolia. Hacia 1800 a.C. un decidido contingente hitita se instala y acaba tomando el país de Hatti, cuya lengua original se perdería para siempre, desde entonces se estableció la lengua hitita, denominada “nesili” o “nesita” (de ahí, el nombre de la ciudad de Nesa, que es como denominaban los hititas a Kanish).

El interés por Anatolia viene de muy antiguo, es una vasta región que desde finales del III milenio a.C. estaba densamente poblada donde convivían en relativa paz indoeuropeos y asiánicos. Es un territorio rico en metales como el oro, la plata y concretamente el cobre, fundamental para la elaboración del bronce. Esto es suficiente para explicar el interés de aquella vasta región desde los tiempos de los soberanos acadios, y después por los reyes de la III dinastía de Ur.

La tierra de Hatti abarcaba varias ciudades independientes y rivales, sobresalían dos estados más grandes que delimitaron el territorio dentro de la curva del río Halys: el reino de Purushanda, que incluía un área de poblaciones de habla luvita, y el área de Kanish, bajo una preexistente dinastía hitita en Kussara. Estos datos no sólo atestiguan la fuerte presencia de personas de habla hitita en la región de Kanish, sino que el estilo y los íconos del arte hitita se gestaron allí, como lo demuestra la imagen de un dios de la guerra, parado sobre un león y con un hacha, representada en una lámina dorada hallada en Kultepe (Kanish).

Las deidades con hachas, cuyo animal sagrado es el león, se conocen por las obras de arte figurativas descubiertas en Kultepe. Los dioses de la guerra usualmente portan hachas, aunque a veces otras armas, y suelen sentarse o pararse sobre un león. Estas mismas escenas las hallamos con frecuencia especialmente en las impresiones de sellos de varios estilos descubiertos en Kultepe. La iconografía de leones y hachas evoca a uno de los Dioses de la Guerra hititas, Zababa, o su homólogo Hattiano, Wurunkatte.


Esta pieza es única en cuanto al estilo de representación. La figura de la deidad tiene un cuerpo delgado y proporcionado. Las representaciones bien definidas de los músculos de las piernas y las rodillas comienzan en las obras del período de las colonias comerciales asirias y continúan en los períodos siguientes. Uno de los paralelos más cercanos de este tipo de representación son la estatuilla Dövlek del Antiguo Reino Hitita o la figura de la deidad en la Puerta del Rey en Bogazkoy (Hattusas), una figura conocida del Período del Imperio Hitita. También es similar a las esbeltas proporciones corporales de la figura representada en el sello Tyszkiewicz, que data del antiguo período hitita (Antiguo Reino) y se considera un ejemplo avanzado de sello cilíndrico con mango tipo martillo, peculiar de Anatolia, una innovación que proviene de los últimos tiempos del período de las colonias comerciales asirias.

En el esquema que nos han inculcado en la sociedad actual, tendemos a polarizar siempre los procesos como la interpretación más fácil de asociar un idioma a una cultura. Sin embargo, no siempre hay correspondencia de la lengua con el origen étnico, pueblo o nación determinada. Es preciso reconocer que hablar de conflictos étnicos en la Edad del Bronce no tiene mucho sentido en la historia del reino hitita, porque las sociedades de las que formaba parte eran multiétnicas.

Y es que en Asia Menor no sólo existía el binomio lingüístico Hatti vs. Hitita. Había muchos otros grupos lingüísticos que se establecieron en Anatolia. Se hablaba palaico en la tierra de Pala (Paflagonia clásica), se hablaba luvita en el centro y el oeste de Anatolia (Arzawa, así como en Kizzuwatna), todas son regiones con coaliciones de principados. Y las partes S y SE de Anatolia se encontraban poblaciones de habla hurrita. Dado que las poblaciones que usan esos idiomas no vivían de forma aislada, también podemos esperar que estos idiomas se influyan entre sí en cierto grado, dependiendo de la naturaleza y la intensidad del contacto.

Ahora observemos este mapa de Anatolia donde aparece un asentamiento llamado Wilusa, éste es el nombre que utilizaban los hititas para referirse a la ciudad de Troya, cuyas fases arqueológicas corresponden a Troya V (1900 a. C.-1700 a. C.) que es una fase premicénica, y más adelante le sucedería Troya VI (1700-1300 a.C) y VII-A (1300-1250 a.C.), siendo ésta última probablemente la Troya homérica destruida por una coalición de pueblos micénicos. En realidad Troya sufrió varias destrucciones de diversa naturaleza a lo largo de su historia, padeció guerras, incendios e incluso fuertes terremotos.


En esta guisa la capital de Hatti (Hattus, Hattusa) era un asentamiento muy desarrollado con importante actividad comercial que presentaba un aspecto de ciudad fortificada. Al igual que Kanish, el enclave de Hattus tenía un papel económico relevante, con una importante colonia de mercaderes asirios. La presencia asiria se manifestaba por la actividad económica de un barrio entero que crecía espontáneamente. A este tipo de colonia de mercaderes asirios se la denomina Karum.

El término Karum tiene origen acadio que bien puede significar embarcadero o plaza del mercado, especialmente utilizado cuando se trata de puestos comerciales establecidos por los antiguos mercaderes asirios en Anatolia y otros lugares. Durante los primeros siglos del II milenio a.C, los comerciantes asirios procedentes de Assur, en el Alto Tigris, organizaron intercambios comerciales a gran escala con el centro de Anatolia. Se establecieron en varias localidades, llamadas karums. Esta palabra acadia, que generalmente designa el muelle o puerto en las ciudades mesopotámicas, se refiere en Anatolia al distrito comercial asirio y su edificio administrativo.

El relativo fácil acceso a Anatolia a través de los ríos Tigris y Eúfrates permitía a los mercaderes de Asiria establecer colonias por muchas ciudades de Anatolia. En este proceso lograron crear una red de colonias estables, siendo el Karum de Hattus la colonia más septentrional y lejana de todas, que dependían de la madre patria, Assur. Por este motivo el Karum de Hattus sería también el creado más recientemente.

 
En este orden de cosas transcurrían prósperos negocios en decenas de ciudades anatólicas como Hurama, Zalpa, Hattus, Kussara... donde se intercambiaban productos tales como el tejido asirio y el estaño iranio por cobre, plata, oro que se enviaba a Assur. La ciudad de Kanish era la cabeza principal de la red de colonias asirias, que convivían sin problema con otras etnias, tenían su propia organización política y pactaban su protección con los príncipes de cada ciudad. Casi todas las ciudades estaban gobernados por príncipes en relativa paz, pero a partir del siglo XVIII a.C. se suceden destrucciones relacionadas con procesos de unificación política y luchas por la hegemonía llevados a cabo por la ciudad de Kussara.


Las conquistas de los reyes Pithana y su hijo Anitta.

Es interesante el aprecio que le tienen los hititas a la ciudad de Kussara, que al igual que Nesa, revela cierto arraigo o tradición que evidencia una preexistencia de elementos indoeuropeos. El interés de los primeros reyes hititas en vincular su dinastía con la de los antiguos soberanos de la casa de Kussara hasta el mismo rey Anitta da testimonio de la trascendencia de esta ciudad en esta etapa de germinación del mundo hitita.

Sería en torno al año 1780 a.C. cuando Pithana, rey de Kussara, conquista la antigua Kanish (llamada Nesa por los hititas), sin hacer daño alguno a sus habitantes, a diferencia de Hattus que sufrirá violenta destrucción. Es probable que Nesa cuyo nombre alude a la propia lengua de los hititas, era considerada parte inherente de tradición hitita y evidencia una creciente penetración de población portadora de lengua hitita a lo largo de bastante tiempo. En esencia, Pithana inicia una unificación que logra agrupar a los pequeños reinos que operaban en Anatolia.


A Pithana le sucederá su hijo, Anitta, quien trasladó la capital de Kussara a Nesa, donde levantó varios templos, a la diosa Sol Arinna, o los dedicados al dios de la Tempestad (que adopta varios nombres en función a sus distintas singularidades regionales). El nuevo rey se reveló extraordinario estratega, había recibido la mejor educación que se podía dar en una sociedad fuertemente militarizada como era la hitita.

Disponía de una red de espionaje eficaz que permitió atacar a todos sus rivales por separado cuando menos se lo esperaban. Se enfrentará a una coalición de reyezuelos que comandaba Pijusti, el rey de Hattus. Como varios de estos reyezuelos escapaban ilesos de las batallas, éstos se volvían a coaligar contra Anitta. El mismo Pijusti conformó otra coalición que enfureció todavía más al rey hitita, por ello, Anitta desató tal persecución contra sus enemigos que en una de sus huídas algunos acabaron ahogados en un gran lago.

En Hattus, donde se habían refugiado los últimos reyezuelos supervivientes, ante la imposibilidad de tomarla por la fuerza, Anitta decidió rendirla por hambre cortando todas sus líneas de suministro. De este modo, los defensores se debilitaron y enfermaron como es costumbre universal en los asedios o en condiciones de vida no idóneas, porque las enfermedades no vienen de virus que saltan de animales o virus endógenos que todos tenemos desde la gestación, sino por factores inmunosupresores como el hambre, sostenimiento de modos de vida más o menos insalubres, la desesperación por las desgracias de la guerra o la pobreza, la angustia, el pánico o el miedo a morir por muchas adversidades, cambios a un clima menos bondadoso ... Cuando Anitta comprobó que los soldados de la ciudad estaban desfallecidos, enfermos, incapaces de empuñar las armas debidamente, ordenó un ataque nocturno que aniquiló toda resistencia.

Para que quedase claro que nadie más osara desafiarle, mandó sembrar una planta espinosa en el suelo de Hattus, que simbolizaría desde entonces el perjurio, también lanzó una maldición contra la ciudad, que quedaría olvidada un siglo y medio después, a mediados del siglo XVII a.C. cuando otro rey eligiría la ciudad como nueva capital del reino hitita.

La conquista de Hattus hacia el año 1800 a.C. conllevó también la destrucción violenta del karum asirio y de otros barrios, fue un arrasamiento completo que se repitió en otros importantes enclaves anatolios que estaban funcionando como pequeños reinos independientes o ciudades-estado.

"Lo tomé por asalto durante la noche y en el lugar donde se levantaba la ciudad sembré mala hierba (zahheli). Que el dios de las tormentas aniquile a quien reine después de mí y ose repoblar Hattusas."

Referencia de una estela del rey Anita en el templo de Kussara



Las victoriosas empresas militares de Anitta fueron inscritas en las grandes puertas de la ciudad de Nesa. En esta operación puede decirse que Anitta ya había asimilado algunos elementos principales de la ideología regia hattiana, construyó en su ciudad un templo para Halmasuit, la diosa del trono hattiano que considera “su diosa”, por haberle entregado a Hattusa.

De este modo, se consideran a los reyes Pithana junto a su hijo Anitta los fundadores de la monarquía hitita, que había alcanzado una amplia hegemonía, especialmente tras la toma de Kanish por Pithana, y Hattus por Anitta. Anatolia quedaba en manos de los hititas que consolidan su poder. Es muy probable que esta época previa al nacimiento del imperio, según los estudios de arqueometalurgia, los hititas habían empezado a extraer hierro de sus minas y sus métodos de producción ya estaban establecidos, así comenzaron a forjar unas armas superiores que supusieron una ventaja tecnológica militar muy avanzada.

Podemos observar que básicamente los hititas inician su historia con la conquista de estas dos ciudades clave: Kanish y Hattus. La vieja Hattus del país de Hatti se convertirá en la nueva Hattusa del reino antiguo hitita hacia el 1700 a.C. destinada a ser la sede central de un gran imperio al mismo nivel que las grandes potencias de Egipto o Asiria. Debajo, una reconstrucción digital de la capital del imperio hitita en su etapa de mayor esplendor. Nuevos estudios sugieren que el desarrollo urbano de Hattus no fue tardío ni repentino sino que los hititas ocuparon el área de la Ciudad Alta mucho más temprano de lo que se pensaba, a partir del siglo XVI o principios del siglo XV a.C.


Entretanto en Mesopotamia se experimenta por las mismas fechas una fuerte inestabilidad política causada por la llegada de diferentes pueblos montañeses, como los hurritas que se consolidarán dando lugar a mediados del siglo XVI a.C. al reino de Mitanni, un potente estado que acabará controlando todo el Norte de Mesopotamia sometiendo a los asirios durante 4 siglos. Mientras en el centro y sur mesopotámicos el imperio amorrita de Hammurabi se debilita paulatinamente por la llegada de otro nuevo pueblo, los cassitas. El imperio paleobabilónico quedará liquidado en dos siglos, a comienzos del siglo XVI a.C.

Hemos contemplado el panorama anatólico en una fase de gestación del estado hitita. Si bien la historia de los hititas comienza con la conquista de las citadas Kanish y Hattus, los acontecimientos que siguieron después de las conquistas del rey Anitta no están muy claros, sería sucedido por Dudkhalia y sus hijos Pusarma y Pawahtelmah. Poco más podemos detallar.

Sólo podemos deducir que se produjo una tendencia expansionista unificadora que aglutinó a las ciudades más importantes de Anatolia central en el que estarían implicadas las más pudientes dinastías hititas. Cada estirpe lucharía por imponer su hegemonía a lo largo del siglo XVII a.C. De todos estos sucesos no hay información suficiente y permanecen en la oscuridad.

Recuperamos la luz a comienzos del siglo XVI a.C. en el que aparece documentado el que sería el fundador del imperio antiguo hitita, que eligió Hattusas como nueva capital, que renacerá de sus cenizas y se mostrará más poderosa y espectacular que nunca. Asimismo el rey cambió su nombre por el de Hattusil, que viene a significar "el de Hattusa" (1590-1560 a.C) y desde este momento se inicia la historia del Reino Antiguo que abordaremos en un próximo artículo.

"También se llamó a sí mismo Labarna, es decir, usó el nombre de su predecesor, que estaba casado con Tawananna, la hija de la abuela de Hattusil. Mientras que -labarna- se convirtió en el epíteto del rey hitita, -tawananna- se usó para designar a la reina. Esto podría indicar un sistema de referencia matrilineal, que jugó un cierto papel hasta el final del estado hitita, pero obviamente tuvo su origen en condiciones anteriores al estado cuando las estructuras del clan aún dominaban."

HORTS KLENGEL


Como puede observarse, ninguna potencia surge de la nada, podemos pensar que la historia de un imperio como el hitita comienza con Hattusil. Sin embargo, como hemos visto, los precedentes hititas cuentan una larga historia que determina como constante el establecimiento de pueblos y su evolución, donde interactúan con otros que les preceden. En conjunto se produce una acumulativa suma de elementos culturales que van construyendo la personalidad de la nueva comunidad emergente, componentes que no siempre se pueden detectar.




Bibliografía


-ADAMTHWAITE, M.R. Late Hittite Emar. The Chronology, Synchronisms and Socio-Political Aspects ofa Late Bronze Age Fortress Town (Ancient Near Eastern Studies suppl, 8) Louvain. 2001.
-AHRENS, A., et al. Sirkeli Hoytik - Kulturkontakte in Kilikien. Vorbericht tiber die Kampagnen 2006 und 2007 der deutsch-ttirkischen Mision. IstMitt 58, 67-107. 2008.
-AKANUMA, H. Analysis of iron and copper production activity in central Anatolia during the Assyrian Colony period. Anatolian Archaeological Studies/Kaman-Kalehöyük, 16, pp. 125-139. 2007.
-ALP, S. Die Mehrheit der einheimischen Bevölkerung in der Kārum-Zeit in Kaneš/Neša. In: Studi Micenei ed Egeo-Anatolici 39, 35–48. 1997.
-BLASWEILER, J. The kingdom of Purushanda and its relations with the kings of Mari and Kanesh in the 18th century BCE. Anatolia in the Bronze Age. 2019.
-BRYCE, T. The Kingdom of the Hittites. Oxford, Clarendon. 1998.
-CERAM, C.W. The Secret of the Hittites. The Discovery of an Ancient Empire. 1956.
-COLLINS, B.J. The Hittites and their World. Society of Biblical Literature. 2012.
-FOURNET, A. and BOMHARD, A.R. The Indo-European Elements in Hurrian. La Garenne Colombes/Charleston. 2010
-GIMBUTAS, M. The Indo-Europeanization of Europe: the intrusion of steppe pastoralists from south Russia and the transformation of Old Europe. WORD, 44:2, 205-222. 1993.
-GOEDEGEBUURE, P.M. Central Anatolian languages and language communities in the Colony period: A Luwian-Hattian symbiosis and the independent Hittites. Anatolia and the Jazira during the Old Assyrian period, pp. 137-180. 2008.
-KULAKOGLU, F. "A Hittite god from Kültepe". In: Old Assyrian Studies in Memory of Paul Garelli. Ed. by Cécile Michel. Publications de l’Institut Historique et Archéologique Néerlandais à Stamboul 112. Leiden: Nederlands Instituut voor het Nabije Oosten, 13–9. 2008.
-KULAKOGLU, F. and OZTURK, G. New evidence for international trade in Bronze Age central Anatolia: recently discovered bullae at Kültepe-Kanesh. Antiquity. 2015.
-McMAHON, G. The History of the Hittites. The Biblical Archaeologist 52:2-3, pp. 62-77. 1989.
-MELCHERT, C. Luwian. A Companion to Ancient Near Eastern Languages, pp. 239-256. 2020.
-SAYCE, A.H. The Original Home of the Hittites and the Site of Kussar. Journal of the Royal Asiatic Society. Volume 60, 2 pp. 257-264. 1928.
-SEEHER, J. Chronology in Hattusa: New Approaches to an Old Problem. Mielke, Schoop, Seeher (ed.), Structuring and Dating in Hittite Archaeology. BYZAS 4. pp. 197-213. 2006.
-SINGER, I. Hittites and Hattians in Anatolia at the Beginning of the Second Millennium B.C. Journal of IndoEuropean Studies 9, pp. 119–34. 1981
-SWEENEY, N.M. Hittites and Arzawans: a view from western Anatolia. Anatolian Studies. Volume 60. pp. 7-24. 2010.





Abrir

3 Los Hititas. El descubrimiento de un imperio olvidado.

En 1834, Félix Marie Charles Texier (1802-1871), un arqueólogo y explorador francés inmerso en una época generosa en aventureros y pertinaces viajeros, se encontraba buscando la ciudad perdida de Tavium en Anatolia, en la actual Turquía. Sus pesquisas le habían llevado a una aldea, Bogazköy (Boghazköy o Bogahaz-Kevi), que actualmente es el lugar donde estaba situada la antigua capital de los hititas: Hattusas. Texier fue el primer occidental que pudo admirar los impresionantes restos de una antigua civilización olvidada, cuya bruma formaba parte de misteriosas leyendas locales y relatos de viajeros. Por desgracia, Texier murió sin saber qué era exactamente lo que había encontrado, ni mas ni menos que la capital de una de las mayores potencias del II milenio a.C. que rivalizaba en poder con Asiria, Babilonia o Egipto.

"Mi intención era averiguar el emplazamiento de la antigua Tavium, la cual, según todas las probabilidades debía haber estado situada en una comarca fértil a orillas del antiguo Halys". CHARLES TEXIER.

Entre las ruinas de Hattusa, la capital del imperio.

Con escasa información, prácticamente partiendo de cero, este explorador, arquitecto y arqueólogo francés se había trasladado a Turquía y en verano de 1834 inició una expedición en el área septentrional. A los pocos días de marcha, en una de sus cabalgadas rutinarias, muy cerca de la aldea de Bogazköy, en uno de los cerrados meandros del río Kizil-Irmak (Halys en griego), el río más largo de Turquía, descubrió unas ruinas que le dejaron atónito por su majestuosidad. No atinaba a encajar en el plano histórico lo que estaba viendo. Había tenido que ascender por lomas cada vez más escarpadas que le depararon una grata sorpresa. Se topó con una hilera de bloques ciclópeos y las ruinas colosales de un edificio. Sin saberlo deambuló por la capital del fenecido imperio hitita, entre murallas arruinadas, decrépitos templos y puertas milenarias escoltadas por impresionantes y esculturales relieves.


En la muralla halló grandes puertas, en una de las cuales un escultural altorrelieve de casi 2 metros mostraba un robusto personaje, acaso un dios guerrero (detalle de la cabeza en imagen superior), de factura plástica exquisita, la pieza de la imagen es una copia colocada en el lugar de la original que contempló Texier. La escultura original se halla en el Museo de las Civilizaciones Anatólicas, en Ankara (Turquía). En la imagen inferior vemos la original (izquierda) y la copia integrada en la entrada por donde deambuló Texier (derecha).


Una segunda puerta es custodiada por dos leones de piedra caliza que alcanzan más de dos metros de altura, resisten el paso de los milenios.


No dudó en ascender hasta la cumbre y desde allí contempló fascinado el paisaje, estimando el perímetro de una muralla interminable que se desplegaba ante él. La magnitud del descubrimiento hizo que Texier se planteara que aquellos vestigios eran de un calibre superior a lo que buscaba. Turbado por la duda, intuyó que estas no eran las ruinas de Tavium. Por lo que se decantó por otra ciudad, Pteria, ante la cual tuvo lugar la famosa batalla que enfrentó al rey Creso de Lidia contra el rey Ciro de Persia, pero no se trataba de Pteria, volvía a equivocarse.

"Dominado completamente por el afán de descubrir la antigua Tavium, imaginé que me encontraba ante las ruinas de un templo de Júpiter con el refugio sagrado que menciona Estrabón… / …pero más tarde me di cuenta del error… / …ninguna de estas construcciones puede atribuirse a épocas romanas… / …el carácter grandioso y peculiar de estas ruinas me dejó perplejo cuando intenté dar a la ciudad su verdadero nombre en la historia…". CHARLES TEXIER.

El santuario de Yazilikaya.

Nuevas sorpresas aguardaban al explorador francés. Un indígena llevó a Texier desde Bogazköy por un sendero escabroso y escarpado, atravesaron un profundo valle hasta la antiplanicie del lado opuesto. Había llegado a un lugar sagrado y fascinante que se conoce como Yazilikaya, que en lengua turca significa "roca escrita". En los detalles ampliados se aprecia a la izquierda al rey Tudhaliya IV y a la derecha una procesión de divinidades.


Es un lugar de roquedos verticales, en cuyas grietas y angostas hendiduras se esconden bajorrelieves asombrosos que mostraban misteriosas procesiones divinas y extraños jeroglíficos que se antojaban adornos o bien formarían parte de un sistema de escritura.


En este santuario los hititas celebrarían rituales que formaban parte de su sistema religioso que contaba con innumerables dioses, debido al carácter integrador y abierto de su religión, ya que aceptaba los dioses de otros pueblos y eran añadidos a su sistema religioso. Es por esto que el país hitita era también llamado por los contemporáneos "el país de los mil dioses". La imagen anterior es una reconstrucción de un ritual de libación, representación que se encuentra en el Çorum Museum (Çorum, Turquía).

Chares Texier y sus acompañantes realizaron esquemas sobre las extraordinarias maravillas que habían presenciado. En 1839 publicaba en París una monumental obra sobre sus viajes, Description de l´Asie Mineure, llamando la atención sobre la existencia de una civilización relevante y totalmente desconocida en el conocimiento arqueológico del siglo XIX, pero nadie le prestó la consideración debida.

La Ciencia no se tomó muy bien la brillante noticia que aportaba Texier sobre la existencia de una nueva y colosal civilización. La enorme y fabulosa documentación sobre una civilización sin referencia ni precedente alguno en Asia Menor fue vista con suspicacia en un momento en que el interés de los investigadores se centraba en Egipto y Mesopotamia, lo que refería Texier era exagerado y no cabía en aquellas mentes que jamás habían tenido la más mínima noción de ninguna otra civilización antigua como la que señalaba. En aquellos momentos la expectación estaba volcada en los maravillosos hallazgos de Lepsius y Mariette en Egipto, mientras que Botta y Layard arrojaban luz sobre las fascinantes Asiria y Babilonia.

La ciudad de Alaca Hüyük

No obstante, algunos viajeros y arqueólogos marcharon a Anatolia para contemplar las maravillas de las que Texier hablaba con tanto entusiasmo. Ellos no quedaron defraudados y reunieron más documentación ampliando los descubrimientos de Texier, tales como el hallazgo de otra ciudad hitita: Alaca Hüyük. Descubierta por William John Hamilton en 1836, tras visitar las ruinas de Hattusa.


En esta imagen dos esfinges fueron encontradas a las puertas de la ciudad hitita de Alaca Hüyük. Este dibujo de Hamilton ofrece el detalle del grabado del águila bicéfala. Si cotejamos este croquis de Hamilton con fotos recientes hallamos que en el dibujo elaborado en la primera mitad del siglo XIX Hamilton concede excesiva licencia para idealizar cuando plasma lo que ve, pues da a las esfinges un aire más nilótico que está alejado de la fidelidad de las formas. La realización de estos prótomos (entre altorrelieve-escultura) no alcanzan la perfección de los leones de Hattusa. Por otra parte, Hamilton también recoge el grabado del águila bicéfala en el lateral del pilar, un icono antiquísimo. La piedra utilizada es la andesita, una roca volcánica de grano fino, compacta y porfídica de cristales muy finos, que se encuentra por todo el mundo.

A mediados del siglo XIX los viajeros alemanes H. Bart y A.D. Mordtman obtuvieron detalles más precisos de Bogazköy y mejoraron los precarios e improvisados dibujos de la expedición de Texier. Exploradores franceses recorrían Anatolia meticulosamente, G. Perrot halló entre otras cosas una peña inclinada, la llamada de Nischan Tepe (imagen inferior), cubierta de signos casi desgastados por el tiempo que se parecían mucho a los que Texier había descubierto en Yazilikaya.


Perrot recopiló una gran documentación y publicó en 1887 una monumental obra, Historie de l´Art dans l´Antiquité que compilaba todo el saber sobre una importante civilización aún desconocida que desafiaba el conocimiento histórico de la época.

La identificación de los hititas en la historia.

Años antes en 1880, un arqueólogo orientalista llamado Archibald Henry Sayce (1845-1933) levantaba revuelo ante la Sociedad de Arqueología Bíblica en Londres al defender con vehemencia que las inscripciones y los monumentos de ese pueblo desconocido pertenecían a los heteos bíblicos, los hititas. Desafortunadamente, la mayoría de científicos recelaban acerca de una de las fuentes históricas más antiguas e importantes que existen, la Biblia, que una y otra vez recibía la verificación arqueológica en más ocasiones de lo que cabe esperarse. Pues no será la primera vez, ni la última, que la fuente bíblica daba lecciones de historia a científicos y profanos.


Desde luego, Sayce había acertado de pleno a pesar de contar con pocos indicios, había llegado a esta conclusión en base a deducciones, pero aún no verificadas arqueológicamente. Entre sus pruebas contaba además con unas piedras que se hallaron en Siria, conocidas como piedras de Hamath (actual Hama), que tenían extraños signos y eran uno de los primeros testimonios sobre la existencia de una cultura importante, y que Sayce aseguraba formaban parte de un sistema de escritura, cuyo contenido se descifraría posteriormente.


Llegó a publicar un libro con el categórico título "Los hititas en Asia Menor". La polémica estaba servida y la tesis de Sayce tuvo bastante repercusión, desatando una fuerte oposición, y así fue que sólo un reducido círculo de seguidores mantuvieron sus posiciones.
Durante su vida académica en la universidad de Oxford su formación en asiriología y una especial atracción por la filología y las escrituras antiguas mesopotámicas le dotaron de un notable conocimiento en lenguas como el hebreo e hitita.

En 1884, el misionero William Wright publicaba un libro con nuevas evidencias llamado a rescatar la memoria del imperio olvidado, "El gran imperio de los hititas, con el desciframiento de las inscripciones hititas por el profesor A.H. Sayce".

Esta obra puede resultar incompleta y desfasada, recordamos que pertenece a fines del siglo XIX, pero se considera la base de la historia de la hititología, una especialización de la arqueología oriental. Los estudios causaron sensación y no sólo por constituir un caso excepcional sobre afirmaciones basadas en simples deducciones, y es que aún no se habían emprendido las excavaciones importantes en los lugares que venían acumulando indicios de que una misteriosa civilización clamaba ser identificada.

Entre estos indicios destacaban las fuentes bíblicas, disponibles desde siempre, pero menospreciadas por exceso de incredulidad, hasta que se vio que en crónicas asirias se aludía a menudo al "país de Hatti" o "Chatti", y que también en los textos egipcios se citaban con frecuencia los conflictos con los "Heta".

Si hubiesen investigado con más detenimiento y sana curiosidad científica el Antiguo Testamento les habría extrañado el contenido de un curioso pasaje entre otros donde se citan a los hititas con el nombre de Hittim, que Lutero tradujo por Hethiter en su versión alemana. En la difusión los ingleses usaron Hitites, los franceses Héthéens resultando Hittites. En España se los denominó hititas o heteos.

En fin, el mérito de Sayce consitió en interpretar los escasos restos de que disponía elaborando una tesis revolucionaria que declaraba que todos los monumentos e inscripciones referidos que habían sido descubiertos en las ultimas décadas en Asia Menor debían ser atribuidos a los hititas, un pueblo que la Biblia cita varias veces, pero que hasta entonces nadie se había tomado la ligera molestia de investigar.

"Porque el Señor había hecho resonar en los reales (campamento) de los sirios estruendo de carros falcados y de caballos; y de numerosísimo ejército, con lo que se dijeron unos a otros: Sin duda el rey de Israel ha atizado contra nosotros a los reyes de los heteos (hititas) y a los reyes de Egipto." (LIBRO IV de los Reyes 7,6).

En este interesante pasaje bíblico se asocia nada más y nada menos que a reyes hititas con los reyes más poderosos de la Antigüedad, los faraones, y por si fuera poco, por delante de ellos.

Muy pronto, los arqueólogos corroborarían la hipótesis de Sayce, unas excavaciones que estuvieron sembradas de dificultades y anécdotas. A diferencia de las campañas arqueológicas de hoy, donde es indispensable el frigorífico o la ducha, en estos años el presupuesto era exiguo y las condiciones eran más duras. En aquellos tiempos el personal tenía que luchar contra el frío invernal, las copiosas lluvias o el calor sofocante estival con sus mosquitos y sus epidemias que llegaron a tumbar a miembros de alguna expedición completa, tales campañas merecen ser recordadas y las abordaremos en otro momento. Podemos decir que a inicios del siglo XX las campañas arqueológicas, en especial las de Hugo Winckler, demostraron que el imperio hitita era un imperio de verdad e incluso se pudo leer su escritura gracias al brillante desciframiento del filólogo checo Bedrich Hrozny, que deparará más descubrimientos de ciudades y abundante cultura material. La hititología aún sigue deparando grandes hallazgos, en los últimos años las excavaciones continúan y los hallazgos siguen asombrando al mundo. Disfrutaremos con todo lo que se conoce de esta civilización que ha permanecido más de 3 milenios olvidada.


Referencias.

- BLANCO, A; BERNABÉ, A; y BENDALA, M. El mundo de los hititas, Historia 16, V.50, 1980. pp.67-91
- CAMPBELL, J. The hittites, their inscriptions and their history, I y II, Londres 1891.
- CERAM, C.W. El misterio de los hititas.
- CORDOBA ZOILO J. Los primeros Estados indoeuropeos. Historia 16. Historias del Viejo Mundo, Nº6.
- ÇORUM MUSEUM COLLECTION.
- HAMILTON W.J. Researches in Asia Minor, Pontus and Armenia, with some account of their antiquities and geology, Londres 1842, I-II.
- HATHI TRUST Digital Library. Hittite. Hieroglyphic Monuments. The University of Chicago Oriental Institute Publications. Volume XLV.
- HATHI TRUST Digital Library. A.H. SAYCE. Fresh Light from the Ancient Monuments. A sketch of the most Striking Confirmations on the Bible from recent discoveries in Egypt, Palestine, Assyria, Baylonia, Asia Menor. 1893.
- HATHI TRUST Digital Library. A.H. SAYCE. Life and times of Isaiah. As illustrated by Contemporary Monumnent. 1889.
- HITTITE ART. Pictures of Hitite Art.
- MACQUEEN, J.G. The hittites and their contemporaries in Asia Minor.
- MASSON, E. Le panthéon de Yazilikaya. Nouvelles lectures.
- MONTENEGRO, A. El imperio hitita.
- MONUMENTS OF HITTITES. (Magnífico mapa del área hitita con yacimientos arqueológicos y acceso directo a fotografías).
- MONUMENTS OF HITTITES. Piedras de Hamath.
- SAYCE A.H. The Hittites. The story of a Forgotten Empire.
Chapter 1. The Hittites of the Bible.

- SAYCE A.H. The Online Book Page.
- TEXIER, CH. Description de l`Asie Mineure, faite par ordre du Gouvernement francais de 1833-1837, et publieé par le Ministère de l`Instruction Publique, Beaux-arts, monuments historiques, plans et topographie des cités antiques, gravures de Lemaître, 1839-1849, 3 vol. Gr. Fol.
- THE METROPOLITAN MUSEUM OF ART. Hellbrunn Timeline of Art History. The Hittites.
- WRIGHT, W. The deciprhement of the hittite inscriptions. British Weekly, marzo 1887.

Abrir

Delete this element to display blogger navbar

 
Powered by Blogger